jueves, 11 de mayo de 2017

No me llames letrasado

   Leo El corazón es un cazador solitario, de Carson McCullers, y pienso que esta pequeña historia situada en una ciudad industrial de Georgia y publicada en 1940 me está contando, a través de una prosa deslumbrante y una gran perspicacia psicológica, la raíz de la herida del racismo en los Estados Unidos y la relación entre dos categorías de pobres, los negros y los blancos. Escucho Strange Fruit, por Billie Holiday, compuesta en 1939, y siento que en su letra, en sus notas, está contenida la lucha de los derechos civiles y se hace visible el más vergonzoso pecado americano: los linchamientos del Ku Klux Klan con el aplauso de la buena gente del sur. Veo las fotos sobre la negritud de Sally Mann, o leo sus memorias, y agradezco esa sinceridad con la que confiesa que de niña nunca se preguntó por qué la nanny se quedaba en el coche esperando mientras la familia comía en un diner. Leo Americanah, de la nigeriana Chimamanda Ngozi Adichie, y entiendo al fin por qué una africana se convierte en negra cuando pisa los Estados Unidos. Veo el documental I Am Not Your Negro, sobre el compromiso del novelista James Baldwin con la causa de los derechos civiles, y me acerco a comprender, a través del actor Samuel L. Jackson, que presta su voz a los ensayos del escritor de Harlem, qué suponía en los 50 y 60 andar por la vida con la conciencia de que tus actos serán sobreinterpretados o malinterpretados a cuenta del color de tu piel. Y de lo que ahora supone ser negro puedo hacerme una idea leyendo a un honroso heredero de Baldwin, el periodista, Ta-Nehisi Coates, con su ensayo Entre el mundo y yo.
     Literatura, música, ensayo, periodismo, fotografía, cine. ¿Cuánto hacen estas artes y estos oficios por que comprendamos mejor a nuestros semejantes, los que nos precedieron y los coetáneos? Según el Ministerio de Educación poco ya que la asignatura de Literatura Universal ha sido retirada del segundo curso de bachillerato para moverla a primero. Segundo es el curso en el que, según los expertos, los alumnos están más preparados, más maduros, para sumergirse en profundidad en las novelas que nos dan una perspectiva amplia del mundo. No importa, fuera entonces de la Selectividad. La idea de que deben prevalecer aquellas materias que tengan una relación directa con el mercado laboral cunde. La impone el ministerio pero la secundamos socialmente. En cuanto hay un estudiante con un expediente brillante se activa, con bastante frecuencia, una alianza entre orientadores, padres y profesores para que el alumno o la alumna no desperdicie sus notas en algo que es como un hobby, que no merece la pena. Aquel viejo dicho de “el que vale, vale, y el que no pa' letras” se ha actualizado: en los institutos el término “letrasado” se ha hecho tristemente popular. Y todo parte de una gran falacia que el profesor de Historia Moderna Fernando Manzano Ledesma se empeña tozudo cada año en desmontar. Porque este joven vicedecano de estudiantes y comunicación de la Facultad de Filosofía y Letras de Oviedo era un cerebrín en sus tiempos de instituto y también sintió la presión de los que pensaban que malgastaría su brillante expediente si se matriculaba en Historia. Hace unos años, Manzano Ledesma comenzó a dar charlas en los centros de enseñanza media de Asturias para explicar a los estudiantes cuáles eran las diferentes ramas dentro de la historia, la filología y la filosofía. Se trataba de un encuentro sumario, informativo, pero fue apreciando que lo que necesitaban aquellos estudiantes era un subidón de una autoestima que, tanto el sistema educativo como algunos compañeros, se esmeraban en que fuera lo más baja posible. Lo que transmite este profesor es que la pasión puede más que las supuestas necesidades del mercado: no hay carreras con más salidas que otras, aún menos en un mercado laboral tan enclenque; actualmente, tiene más peso una voluntad empecinada. Les habla Manzano de lo que supone para el no adocenamiento de la sociedad el espíritu crítico, del valor de la belleza y del arte. Les cuenta cómo los estudiantes de Humanidades son los más preparados para discernir dónde está la verdad y dónde el camelo y cómo serán por lógica los que pongan orden en el caótico contenido audiovisual. De hecho, cuenta, la empresa asturiana Touchvie contrata ya a licenciados en Humanidades como catalogadores de su productos en la red.
     Si el Ministerio de Educación está decidido desde hace años a borrar del mapa a los futuros pensadores y creadores, debiéramos nosotros rebelarnos, defender convencidos las materias que tan estrechamente ligadas están a nuestra libertad de pensamiento. El profesor Manzano Ledesma acaba siempre sus charlas con una cita de Baltasar Gracián: "Gastan algunos mucho estudio en averiguar las propiedades de las hierbas: ¡cuánto más importaría conocer las de los hombres, con quienes se ha de vivir o morir!". Y lo que ocurre con las personas entusiastas y trabajadoras es que desatan en ti las ganas de actuar, de convertirte en activista de aquello en lo que tan fervientemente crees.
Elvira Lindo, El país, 21 de abril de 2017

martes, 9 de mayo de 2017

Anormal

  Es el mecanismo de la desgracia, la dinámica que cultiva la desdicha en los desdichados. El niño al que pegan en el patio del colegio le quita importancia. La niña de la que se ríen porque está gorda piensa que es natural. La mujer maltratada se convence de que merece los golpes porque todo lo hace mal. El trabajador explotado cree que podría trabajar más horas, ser más productivo, y se siente culpable de su explotación. La tentación de normalizar lo anormal para ir tirando, para maquillar las cicatrices, para esquivar las crisis, produce una monstruosa espiral de sufrimiento, un círculo vicioso que acaba devorando a sus víctimas si no se corta de un tajo a tiempo. Esa es también la desgracia de España, un país que ya no puede seguir normalizando las enormidades que conocemos a diario. Hay que decirlo con claridad. Que un fiscal de Anticorrupción trapichee con sus subordinados, ofreciéndoles autorizar un registro a cambio de que renuncien a calificar a un delincuente como miembro de una organización criminal, no es normal. Que un director de periódico se ofrezca a fabricar noticias falsas contra un Gobierno autonómico para favorecer a un amigo implicado en un caso de corrupción, no es normal. Que el presidente del Gobierno de la nación sea convocado como testigo en una causa contra la financiación ilegal de su partido, no es normal. Que los responsables de las empresas públicas las utilicen de forma sistemática como patrimonio para especular y forrarse, no es normal. Ya ha pasado el tiempo de resguardarse, taparse la cabeza y esperar a que amaine el temporal. En España, hoy, sólo queda una raya y ni siquiera es roja. Es tan negra como el desprestigio de sus instituciones, un fenómeno que, desde luego, no es normal.
Almudena Grandes, El país, 24 de abril de 2017

Mosquitos

    Como mosquitos, que alegres y confiados desafían a la araña, nos intercambiamos secretos por SMS, e-mails, WhatsApp, Twitter, Facebook, blogs e Instagram con la creencia de que ese caudal de imágenes y palabras, algunas calientes y comprometidas, la mayoría estúpidas o banales, sale de estos dispositivos electrónicos y se posa aleatoriamente en una nube donde permanece preservado a nuestra exclusiva disposición. De forma ingenua la gente cree que nuestros secretos, confidencias, pensamientos y opiniones están a salvo en ese trastero celestial, puro e incontaminado, cuando en realidad esa nube es una gigantesca computadora situada bajo tierra donde la humanidad a modo de enjambre de alegres y confiados mosquitos se encuentra cada día más atrapada. En ella se almacenan todos los mensajes que emitimos con nuestros cacharros digitales y que las grandes empresas de comunicación, el poder y la policía utilizan a su conveniencia. Los secretos de nuestra vida están secuestrados y disponibles en esa telaraña, puesto que el acuerdo de confidencialidad es pura falacia. Se trata de un robo y a la vez de una amenaza en toda regla. Imagínense que en vez de bits se almacenaran en un gran depósito general nuestras cartas y documentos escritos. Habría que ser idiotas para creer que estarían allí bien guardados sin que nadie los leyera, los utilizara o revendiera. Las redes sociales se han convertido en verdaderas redes físicas, similares a las de las arañas más peligrosas que atrapan nuestros pensamientos para convertirnos en víctimas de algún depredador. Pero existe algo peor. Si dentro de mil años esa nube digital desapareciera por un cambio climático o la gran computadora universal fuera bombardeada, la humanidad sin memoria tendría que volver al neolítico, comenzar por la pintura rupestre e inventar al final el papel y el lápiz.
Manuel Vicent, El país, 30 de abril de 2017

Ballena azul


   ¡Qué juventud! Un año estos ninis obsesionados con youtubers e influencers sin profesión definida se nos quedan tontos persiguiendo monstruos de realidad virtual con Pokémon Go, otro juegan a suicidarse siguiendo una cadena de retos en Internet.
   Pues ni lo uno ni lo otro, pero resulta que los titulares sobre “millennials idiotas” gustan mucho cuando la juventud queda atrás. A los más jóvenes no les contamos el secreto que conocemos los mayores: la tontería no siempre se pasa con la edad.
    La semana pasada asistimos a la última gran racha de “los jóvenes están tontos” gracias a Ballena Azul, el supuesto juego de pruebas que llevaría a autolesionarse o incluso induciría al suicido. Una burbuja sin datos verificados y cuya difusión recuerda a las leyendas urbanas, basada en un enredo a partir de un reportaje en Rusia por el que dos periodistas fueron sancionados por mala praxis. La hospitalización en Psiquiatría de una menor en Cataluña desató las alarmas mediáticas. Pero ocurre que cuando se habla de fenómenos de Internet no siempre se investiga lo suficiente. A cualquier cosa se le llama moda.
    Si nos queremos preocupar de suicidios de jóvenes, cosa seria, centrémonos en los datos. En el teléfono de ayuda a niños y adolescentes en riesgo de la Fundación ANAR reciben más de mil llamadas al día. La mitad de denuncias por acoso son de niños entre 11 y 13 años. Desgraciadamente, cada cierto tiempo escuchamos a padres de adolescentes que se suicidaron por acoso escolar reclamar que sus hijos sean las últimas víctimas. Violencia y bullying son las verdaderas ballenas azules.
 Lucía González, El país, 3 de mayo de 2017

NOTA DEL PROFE. LEER ANTES DE LANZARSE A COMENTAR.

La columna se puede leer en este enlace. Y la autora plantea que todo apunta a que el presunto juego de "la ballena azul" es una leyenda urbana, es decir, que no es algo real. O, al menos, que no se ha investigado lo suficiente y se ha aceptado todo sin contrastar la información. Hasta la fecha (15 de mayo) ninguno de los comentarios mandados ha interpretado correctamente esta parte del texto, que es fundamental para poder comentarlo: el tema del texto no es tanto la ballena azul como los bulos de internet; el auténtico drama es el bullying, no la ballena azul.

Dulces 16

A diario, ni te enteras. Bastante tienes con llegar viva a tu propia meta. Vuelves a casa para la cena después de haberla llamado mil veces sin respuesta y haber rezado para que todo esté en orden, por muy caótico que sea. Compruebas que está entera. Confirmas que parece o muy contenta o muy de morros, como suele. Verificas, sobre todo, que no está más triste de lo ordinario, alarma de alarmas, y das gracias a los dioses por haber superado la prueba hasta mañana. En cuanto pasas más tiempo cerca te topas, sin embargo, con una extraña en casa. Tu propia hija adolescente. La que se hace un ovillo para que ni le hables ni la mires mientras tú le bramas que qué le pasa y ella te ladra que no le pasa nada, “mamá, chaval, pesada”. La que se te cuelga del cuello deshecha en llanto porque sus amigas han intimado de más en Snapchat y ella se ha sentido “lo puto peor, mamá, chico”. La que te confiesa que igual tiene ganas de llorar que de reír y que no se aguanta del pavo que tiene encima, “te lo juro, mamá, tío”.
Lo de toda la vida, pero distinto, porque su mundo y el nuestro ya no es el mismo. Me río yo de los expertos que nos sermonean sobre cómo supervisar a nuestros hijos. Nos contentamos con saber, presuntamente, con quién andan y con quien wasapean. No tenemos ni idea. No imaginamos la angustia de sentirse patito feo viendo continuamente cisnes en las redes. No sentimos el escrutinio del grupo al segundo en el móvil. No sufrimos —no recordamos— el vértigo de estar lleno de inseguridades mientras los demás te restriegan sus soberbias. Triunfa ahora la serie 13 Reasons Why, en la que una adolescente cuenta los motivos de su suicidio en 13 capítulos. Este puente, mi pava y sus íntimos se los han bebido a morro en mi casa mientras una les contemplaba muerta de amor y de miedo. ¿Dulces? Tremendos 16. Quién los pillara. Y qué descanso haberlos ya pasado.
Luis Sánchez Mellado, El país, 4 de mayo de 2017

Fascismo

   Lo peor de que te guste el fútbol es la gente a la que tienes que tratar. Tal vez a algunos la afirmación les suene muy fuerte, pero es porque no conocen a los hinchas futbolísticos o no tienen un hijo que practique ese deporte que se reduce a meter un balón en una red pero que mueve tanto dinero como el tráfico de armas o el de estupefacientes.
    Este martes me invitaron a ver en el estadio Bernabéu el partido de Champions entre los dos equipos de Madrid, con la mala suerte de que mis asientos estaban en la zona de los denominados radicales madridistas, antes llamados ultrasur (por cierto que la identificación entre radical y energúmeno nunca he logrado entenderla, pues radical es una palabra noble). Y, aunque conocía ya cómo se las gastan los radicales de los diferentes clubes, volví a mi casa sobrecogido por la violencia, la agresividad expresiva y verbal y el fascismo puro y duro que destilan esos grupos que se mueven como falanges macedonias portando símbolos y banderas y cantando himnos y canciones cargados de odio hacia los adversarios. Al compás del megáfono de un agitador, durante todo el partido estuvieron insultando a los hinchas atléticos (“paletos”, “perros”, eran los adjetivos más suaves) y haciéndoles peinetas o el signo de los cuernos con los dedos cada vez que Cristiano Ronaldo metía un gol. Mi compañero de asiento, un joven al que imaginas al día siguiente llevando a sus hijos al colegio y acudiendo a su trabajo bien vestido, me impresionó desde el primer momento por su mirada de odio, que la hinchazón de las venas del cuello acentuaba con cada insulto, y no era una excepción.
    Pero no hace falta ir al Santiago Bernabéu ni a cualquiera de los estadios de fútbol donde juegan los equipos de Primera para advertir la carga de odio y violencia que anida en muchos de los espectadores. Acompañar a un hijo a un partido de juveniles, incluso de infantiles o aún más pequeños, supone muy a menudo una actividad de riesgo, y hablo por experiencia, no por las imágenes que últimamente veo en la televisión. Por desgracia para los aficionados a ese deporte, que produce tanta belleza como emoción como simple espectáculo, la violencia en su entorno no es una excepción como los periodistas deportivos quieren hacernos creer (algunos de ellos echando también bilis por la boca) sino que es habitual en los campos de fútbol, desde los de profesionales hasta los de juveniles, donde hinchas y padres llenos de odio y desprecio hacia el oponente demuestran cada jornada que el fascismo sigue anidando en nosotros mucho más de lo que nos gustaría saber.
Julio Llamazares, El país, 6 de mayo de 2017

Se llama evolución

     Admiro la pasión que Maverick Viñales exhibe a lomos de su Yamaha en los circuitos de Moto GP, pero necesita un repaso de Historia.
     En la China milenaria existía la costumbre de vendar los pies de las niñas. Se llamaban pies de loto y eran muy admirados por los hombres, aunque absolutamente limitantes para sus propietarias. En la vieja Atenas a las mujeres, que recibían el delicado nombre de oikos, se las consideraba parte del hogar y no tenían condición de sujeto legal. Las romanas libres del triunfal Imperio —de las esclavas para qué hablar— no podían votar, ni ocupar cargos públicos; aunque si eran capaces de “hacerse las rubias” llegaban a influir decisivamente sobre poderosos maridos o hijos. Así actuaron, entre otras, la madre de Julio César o la esposa del emperador Trajano.
     En España el derecho al voto para las féminas se reconoció por primera vez en 1931 y lo revocó la dictadura franquista. Las mujeres bastante tenían con estar monas, ser complacientes esposas y madres devotas. Hasta 1976 las españolas necesitaban la autorización del marido para trabajar, y hasta 1978 no se despenalizó el adulterio. Qué feo eso de hartarse del marido y querer probar con otro. En 2017 la brecha salarial entre hombres y mujeres alcanzó el 23,25%.
   Sobre las paragüeras —esas guapas azafatas que llevan encima tantos logos como permite la escueta ropa que les obligan a ponerse— Viñales ha dicho que "si se ha hecho toda la vida, es raro que cambie". Querido posible padre de hijas a las que no querrás que miren como objetos: a los cambios se les llama evolución.
Maite Nieto, El pais,8 de mayo de 2017

martes, 4 de abril de 2017

Moderno

¿Han padecido ustedes alguna vez a esos fastidiosos predicadores —disculpen el pleonasmo— que atribuyen las deficiencias espirituales de nuestra época, su escasez de alma, ah, oh, al abuso de Internet o a la fijación con los smartphones?Pues consuélense, lamentos semejantes se han oído en todas las épocas, acusando a diversos y sucesivos inventos: la imprenta, la máquina de vapor, la bicicleta, la radio de galena, el ferrocarril, el bidet, la electricidad, la píldora anticonceptiva, la olla a presión... ¡Platón reprochó a la escritura la pérdida de memoria de los humanos, nobles guerreros han asegurado que desde que aparecieron las armas de fuego se acabó el coraje viril en el campo de batalla y Pol Pot fusilaba a los que llevaban gafas por reconocerlos como intelectuales contumaces! Es curioso que todos prefieran creer que son los avances tecnológicos los que corrompen al espíritu humano (como si fueran otra cosa que una de sus realizaciones más características) y disipan las virtudes, en lugar de aceptar que son nuestros tenaces vicios espirituales los que acaban pervirtiendo los inventos mas beneficiosos.
Los peores son esos beatos que pretenden alejar a los niños de las tecnotentaciones en vez de enseñarles a convertirlas en oportunidades geniales. Contra ellos, el ejemplo admirable de Roman, un niño inglés de cuatro años. Su madre sufrió un desvanecimiento grave y él activó el móvil con la huella del dedo de la mujer, llamó a Siri para pedir una ambulancia y luego a la policía para informar de lo ocurrido y de su dirección. ¡Salvada! Dicen que Roman es un héroe porque conservó la serenidad donde muchos la hubiéramos perdido, tomó la decisión eficaz y la puso en práctica con tino. Pero además es un héroe moderno, técnico, literalmente progresista. Gracias, Roman el bien llamado...
Fernando Savater, El país, 1 de abril de 2017

Condena

De Emanuel Swedenborg, al que Kant llamó “visionario”, cuenta Borges que “hablaba con los ángeles por las calles de Londres”. Aunque fue un científico notable (hizo los planos de un avión y un submarino, descubrió el funcionamiento de las glándulas endocrinas, lanzó la hipótesis de la formación nebulosa del Sistema Solar, etcétera...), su verdadera especialidad fue el Mas Allá, la posvida en el Cielo y el Infierno. Explicó que al comienzo los condenados no son conscientes de su muerte y creen que continúan en su esfera cotidiana: les rodean los muebles y utensilios familiares, los paisajes conocidos. Poco a poco, van produciéndose desapariciones —la butaca favorita, el piano, una ventana, las flores del jardín...— y luego surgen en lugar de lo desvanecido formas equivocadas o amenazadoras. Por fin se dan cuenta de que no están en casa sino en el Infierno y empieza su eterna condena.
Creo poder confirmar esta tesis de Swedenborg. Hace tiempo que las cosas de mi mundo se van difuminando, pierden sustancia. Los libros siguen presentes y tentadores, pero al abrirlos algo ha drenado su savia hasta dejarlos huecos, exánimes. Las películas nuevas son peores que las antiguas, las antiguas peores de lo que las recordaba: sentado ante el televisor con desasosiego ya no siento la expectativa feliz porque ahora nadie apoya sus pies en mi regazo. Se fue el disfrute... Y los sitios que recorrimos juntos están hoy cubiertos de sudarios, como esas sábanas que tapan las formas incómodas de los muebles en una casa abandonada. Los platos más sabrosos, crujientes, aromáticos... comienzan a deleitarme la boca pero luego adquieren insipidez y amargura de ceniza. Llega el infierno y se revela mi condena, la más atroz: creer que estoy vivo y que es ella la que ha muerto. Hoy hace ya dos años.
Fernando Savater, El país, 18 de marzo de 2017

martes, 14 de febrero de 2017

"A Líster, jefe en los ejércitos del Ebro", de Antonio Machado


Tu carta –oh noble corazón en vela,
Español indomable, puño fuerte-,
Tu carta, heroico Líster, me consuela,
De esta, que pesa en mí, carne de muerte.

Fragores en tu carta me han llegado
De lucha santa sobre el campo ibero;
También mi corazón ha despertado
Entre olores de pólvora y romero.

Donde anuncia marina caracola
que llega el Ebro, y en la peña fría
donde brota esa rúbrica española,

de monte a mar, esta palabra mía:
“Si mi pluma valiera tu pistola
de capitán, contento moriría”.

Antonio Machado, junio de 1938

(Enrique Líster fue general del ejército republicano durante la Guerra Civil española)

"Retorno frente a los litorales españoles", de Rafael Alberti

 Madre hermosa tan triste y alegre ayer, me muestras hoy 
tu rostro arrugado en la mañana 
en que paso ante ti sin poder todavía, 
después de tanto tiempo, ni abrazarte. 
Sales de las estrellas de la noche 
mediterránea, el ceño de neblina, 
fuerte, amarrada, grande y dolorosa. 
Se ve la nieve en tus cabellos altos 
de Granada, teñidos para siempre 
de aquella sangre pura que acunaste 
y te cantaba -¡ay sierras!-tan dichosa. 
No quiero separarte de mis ojos, 
de mi corazón, madre, ni un momento 
mientras te asomas, lejos, a mirarme. 
Te doy vela segura, te custodio 
sobre las olas lentas de este barco, 
de este balcón que pasa y que me lleva 
tan distante otra vez de tu amor, madre mía. 
Este es mi mar, el sueño de mi infancia 
de arenas, de delfines y gaviotas. 
Salen tus pueblos escondidos, rompen 
de tus dulces cortezas litorales, 
blancas de cal las frentes, choreados de heridas 
y de sombras de tus héroes. 
Por aquí la alegría corrió con el espanto 
por ese largo y duro 
costado que sumerges en la espuma, 
fue el calvario de Málaga a Almería, 
el despiadado crimen, todavía 
-¡oh verguenza!- sin castigo. 
Quisiera me miraras pasar hoy jubiloso
 lo mismo que hace tiempo 
era dentro de ti, 
colegial o soldado, 
voz de tu pueblo, canto ardiente y libre 
de tus ensangrentadas, 
verdes y altas coronas conmovidas. 
Dime adiós, madre, como yo te digo, 
sin decírtelo casi, adiós, que ahora, 
ya otra vez sólo mar y cielo solos, 
puedo vivir de nuevo, si lo mandas, 
morir, morir también, si así lo quieres. 


Rafael Alberti: Retornos de lo vivo lejano (1948-1956)

"Tierra nativa", de Luis Cernuda



Es la luz misma, la que abrió mis ojos
Toda ligera y tibia como un sueño,
Sosegada en colores delicados
Sobre las formas puras de las cosas.

El encanto de aquella tierra llana,
Extendida como una mano abierta,
Adonde el limonero encima de la fuente
Suspendía su fruto entre el ramaje.

El muro viejo en cuya barda abría
A la tarde su flor la enredadera,
Y al cual la golondrina en el verano
Tornaba siempre hacia su antiguo nido.

El susurro del agua alimentando,
Con su música insomne el silencio,
Los sueños que la vida aún no corrompe,
El futuro que espera como página blanca.

Todo vuelve otra vez vivo a la mente,
Irreparable ya con el andar del tiempo,
Y su recuerdo ahora me traspasa
El pecho tal puñal fino y seguro.

Raíz del tronco verde, ¿quién la arranca?
Aquel amor primero, ¿quién lo vence?
Tu sueño y tu recuerdo, ¿quién lo olvida,
Tierra nativa, más mía cuanto más lejana?


                                  Como quien espera el alba (1941-1944)

viernes, 20 de mayo de 2016

Un error descomunal

Por ofensivo que resulte el separatismo a una enorme mayoría de ciudadanos, prohibir la exhibición pacífica de banderas independentistas en la final de la Copa del Rey es un error mayúsculo de la delegada del Gobierno en Madrid, Concepción Dancausa. 
Últimamente se utiliza cualquier pretexto para la futbolización de la política. Lo hacen habitualmente los separatistas, que han poblado de esteladas el estadio del Barça al compás del incremento de la reivindicación independentista. Y ahora entra en el juego la responsable de la autoridad gubernativa en Madrid, con una prohibición que solo puede entenderse en clave electoral. 
Es una imprudencia tratar de enfrentar el independentismo catalán con el sentimiento español que se supone al resto de los asistentes al encuentro y a la mayoría de los que van a presenciarlo por televisión. Es grotesco pensar que retirar esteladas en el estadio Vicente Calderón ahorrará otras muestras de provocación y mal gusto, como las abundantemente exhibidas por hinchadas independentistas en anteriores pitadas al himno nacional o desprecios a la persona del Rey.
No menos inexplicable resulta justificar la prohibición en la ley que impide símbolos que fomenten o ayuden “la realización de comportamientos violentos o terroristas”, que nos lleva a una asociación de ideas entre violencia e independentismo catalán no avalada por los hechos. Tampoco tiene nada que ver la prohibición de mostrar banderas en recintos deportivos con la exhibición de esteladas en edificios públicos o en los colegios electorales de Cataluña, que son inadmisibles por lo que tienen de apropiación partidista de instituciones que representan a todos.
En democracia, las limitaciones a la libertad de expresión deben estar muy justificadas. El presidente en funciones, Mariano Rajoy, no ha aludido a la Constitución, que protege esa libertad, y sí a normas de la Federación Española de Fútbol y de la UEFA para justificar la decisión de la audtoridad gubernativa madrileña. Podría haber pensado también en Estados Unidos, cuyo Tribunal Supremo anuló, en 1989 y en 1990, las leyes contra la profanación de la bandera porque restringían, de manera inconstitucional, la libertad de expresión. 
Aun así, el presidente de la Generalitat y la alcaldesa de Barcelona podrían asistir al encuentro para mostrar respeto a los que no están de acuerdo con la prohibición, en vez de contribuir a la escalada de la guerra de símbolos. Lo mismo que el Gobierno debería reconsiderar sus medidas prohibicionistas, por cierto circunscritas solo a la bandera independentista catalana —¿se pueden exhibir en el estadio otras que no sean constitucionales?—, en aras de la prudencia exigible al gobernante y en defensa de la libertad de expresarse pacíficamente por parte de los que no piensan como nosotros. 
El país, 20 de mayo de 2016

martes, 17 de mayo de 2016

No sé qué comprarme

Cae en mis manos el folleto de electrodomésticos Selección top 21 Primavera, de la cadena Tien 21, presente en varias provincias; y al desplegarlo considero que ha llegado la hora de cambiar la lavadora, que acaba de perder la función del centrifugado. O quizás el televisor, que de fino producto de última generación ha pasado a desempeñar el papel de un armatoste. O la nevera, que de vez en cuando hace saltar los plomos.

Encuentro en primer lugar una lavadora con tecnología water perfect, función vario perfect y sepeed perfect, además de eco perfect. Pero no me decido, porque aparece otra que ofrece auto sense y fin diferido, que a lo mejor me interesa más. Claro que también veo un modelo que compite con ambas mediante pannel full touch y tecnología protex. Y tampoco tiene mala pinta la que ha sido fabricada con tecnologíaeco bubble. No sé, no sé.

Mientras me lo pienso, paso a los frigoríficos. Me tropiezo con uno muy interesante porque consta de multi air flow y compresor inverter, aunque carece de touch control digital en la puerta, cosa que sí ofrece otro. Ahora bien, no veo que ninguno de ellos disponga del cajón chiller box que se anuncia en el frigorífico contiguo. Qué lástima. Me asaltan grandes dudas, así que empiezo a repasar los televisores.

Me gusta mucho uno que cuenta con quantum dot display y peak illuminator pro,complementado con una barra de sonido con subwoofer inalámbrico y conexionesHDMI BT multiroom. No está mal todo eso, se trata sin duda de unas enormes ventajas técnicas, pero no parece mala oferta otra pantalla con auto depth enhancer que también tiene peak illuminator pro. Qué encrucijada tan tremenda. Por si fuera poco, aprecio mucho el aspecto de un televisor con micro dimming pro, que me atrae casi por igual. Pero, bien mirado, en este caso no figura que tenga pur color ni UHD dimming, ventajas que sí ofrece el que está en la siguiente página. Lo que comparten todos, y eso me da mucha alegría, es el kit de altavoces surround ready.

Agradezco tanta información. Sin embargo, no me queda claro lo que significa la resolución UHD 4K. Ah, no hay problema, el folleto lo explica enseguida: “Resolución cuatro veces superior a la Full HD”. Ahora ya lo he entendido. Para los que sean menos listos que yo, se añade que la resolución UHD tiene 8,3 millones de píxeles. Seguro que eso ya los deja bien informados.

Cada producto se ve tan tecnificado, que sigo sin decidirme; hasta que por fin reparo en la fotografía más interesante de todo el desplegable. Es una maleta azul. Si uno adquiere un modelo concreto de lavadora le regalan la maleta, valorada en 75 euros. ¡Bien! Ahora sí que lo tengo claro. Me compraré la lavadora con maleta incorporada.

Alex Grijelmo. El país. 15/V/2016

Ahora sí



Hace diez años pasé dos días rodando en el cementerio de neumáticos de Seseña. Fue para la película Bienvenido a casa. Harto de atravesar por la carretera y apreciar ese enorme vertedero, me pareció un lugar digno de ser filmado. Fue complicado lograr el permiso, pero entonces aún quedaba algún peón patrullando por allá. Las dos jornadas fueron infernales, porque si estos días es tóxica la nube negra, entonces lo era el polvo y la atmósfera del lugar. Ahora que los neumáticos han ardido, en lo que parece un último retorcimiento del desatino, muchos se hacen preguntas indignadas con toda la razón, pero conviene advertir que nuestro país tiene este tipo de monumentos por doquier. Es lo que nadie quiere entender. Que somos lo bueno y lo malo. Esto los patriotas lo tratan de disimular, diciendo que España es estupenda, y menudo jamón, y que si no te gusta te vayas a vivir a Francia. Cosa que dicen para sacudirse de cualquier crítica hacia las estructuras nacionales y de paso seguir llevándose el dinero a Andorra y Panamá, donde lo cuidan mejor que aquí.

Este vertedero de neumáticos era chapapote solidificado en la costa de Madrid. Era un poco nuestro Prestige, que también es una enseña nacional. Y es que España es el país de la Pedrera y la Alhambra, pero también de las rotondas imaginativas y el arte urbano patrocinado por las autoridades oligofrénicas de Navalcarnero y Castellón. La línea de costa española tiene suficientes hoteles Algarrobico y delirios arquitectónicos como para llenar una enciclopedia del disparate. La acción de la justicia y la agilidad de las autoridades casi siempre afectan a los pequeños comercios y a las familias desahuciadas, pero no saben lidiar con empresarios tercos ni equipos de abogados mañosos. Y luego está el funcionamiento tradicional del amiguismo y el enredo, los sobres y la mordida. Para acabar de trampear el asunto, lo habitual es que los partidos políticos estén enfrentados, como los municipios, las comunidades autónomas y hasta los ministerios y departamentos entre ellos, por lo que no es raro que Industria, Turismo o Infraestructuras anden a la gresca con Medio Ambiente o Agricultura y Pesca.

Las ruedas de automóvil no llegan al vertedero porque lluevan del cielo, sino porque carecemos de plan para reciclarlas ni para reducir el consumo ni para racionalizar nuestro modo de vivir. El coche es nuestra industria más gozosa y festejada, pero poco importan sus desperdicios. Tampoco consideramos la ecología y el respeto al medio ambiente ninguna prioridad nacional. Todo eso nos da igual, salvo cuando la nube negra se planta en tu ventana. Entonces...

David Trueba. El país. 17/V/2016

jueves, 12 de mayo de 2016

Respect

El presidente del Sevilla, durante un ‘Encuentro con los Ases’, denuncia el desdén del Rey hacia un club que está haciendo historia. Una queja legítima.



   El Sevilla Fútbol Club, un equipo legendario que como todo el mundo sabe, fue fundado por serbios, juega en la liga turca y está trufado de futbolistas rumanos, buscará su quinta Europa League en Basilea, ese trofeo de la galleta que es menos importante que el Teresa Herrera y es incomparable con el prestigio que envuelve a Madrid, Barça o Atlético cuando ganan ante potentes equipos asiáticos en apasionantes giras veraniegas, convenientemente televisadas, en aras del interés general (¿?) de los ciudadanos. El Sevilla Fútbol Club, ese club del que se habla durante cinco minutos si se clasifica para una final, diez si la gana y cero el resto del año, porque el personal anda ocupado en el penúltimo episodio de Neymar en Instagram o en la última odisea de Cristiano con su deportivo en una rotonda de la periferia, no tiene derecho a quejarse por el trato mediático que recibe, y debería poner cara de empate a cero.
   El Sevilla Fútbol Club, que ha jugado en estos años más finales que miles de clubes europeos, tiene que poner buena cara y sonreír como Heidi antes de cantar el abuelito dime tú, mientras ve cómo el primero de los españoles ejerce su figura simbólica para asistir y apoyar los triunfos de Real Madrid y Atlético en sendas semifinales de Champions, declinando asistir a la final de Varsovia del curso pasado y sin tener previsto acudir a la de Basilea, porque el Sevilla, que ejerce como embajador llevando una bandera patria grabada en el pecho, paseándola y honrándola por Europa, no tiene derecho a sentirse ninguneado viendo cómo algunos gozan de trato exquisito, mientras otros reciben atenciones protocolarias dignas de Zambia.
   El Sevilla Fútbol Club, cuyo éxito se usa de manera torticera para mayor gloria del fútbol español, cuya nacionalidad sería afgana si disputase una final contra el Madrid y estaría envuelta en absoluta españolidad si la jugase ante el Barça, no tiene derecho a airear que tiene memoria, corazón y sensibilidad. El Sevilla Fútbol Club, al que todos recomiendan decir que aquí no pasa nada y que, si pasa, se le saluda, y que parece obligado a recibir bofetadas morales para después poner la otra mejilla, ha cometido el terrible pecado de tener un presidente que, de manera enérgica pero educada, ha tenido la gallardía de defender a su club, algo que le han afeado, como si su deber consistiera en verlas venir, dejarlas pasar y si te mean, decir que llueve.
Posdata: El Sevilla Club de Fútbol, gane o pierda, caiga más simpático o menos, es un club añejo, un equipo de mérito incalculable y una masa social que, como mínimo, merece el mismo tratamiento que otras aficiones, porque también es español y es de Dios. Es un club que está forjando una marca de identidad con un modelo económico y deportivo que debería estudiarse en Harvard. Uno que merece la misma consideración que otros clubes y no un vacío sideral por parte de las autoridades y la opinión pública. La queja de José Castro durante el "Encuentro con los Ases" del diario As, además de legítima, es reflejo de una situación denunciable. El Sevilla no es más que nadie, pero tampoco menos. En caso de duda, aplíquese el protocolo Aretha Franklin: Respect. Respeto.
Rubén Uría / Eurosport / 11-05-2016

lunes, 9 de mayo de 2016

Panamá

¿Cómo es posible que la publicación de los nombres de propietarios de sociedades offshore desencadene un escándalo internacional y los ministros de Hacienda de los países con ciudadanos implicados declaren que son legales? Si la empresa del primer ministro de Islandia era legal, ¿por qué ha dimitido? ¿Por qué confesado Cameron su participación en una de estas sociedades, después de haber intentado eludirla? ¿Por qué el hasta ahora intocable rey de Marruecos está afrontando críticas por aparecer en esa lista? Dejando a un lado la radical insolidaridad que supone sacar dinero del propio país, ¿a quién se le ocurre mantener una sociedad opaca en la otra punta del mundo y pagar impuestos escrupulosamente en España, ambas cosas durante cuarenta años seguidos, como afirma haber hecho Pilar de Borbón? Y mantener empresas sin actividad, pagando las minutas de un bufete panameño, cuando a quien más y a quien menos nos cuesta una pasta el asesor que nos hace la declaración, ¿qué sentido tiene? Si la Agencia Tributaria tenía conocimiento del entramado de Panamá, ¿por qué ha sido un grupo de periodistas quien ha sacado esta información a la luz? ¿Por qué los inspectores de Hacienda no han podido investigar estas actividades? ¿Por qué esta lista, después de hacer tanto ruido, no ha abierto debate institucional alguno sobre la prohibición de los paraísos fiscales? ¿Por qué los Estados perjudicados no se plantean ejercer ninguna presión, económica, diplomática o legal, contra estos nichos de ilegalidad flagrante? ¿Por qué tenemos paraísos fiscales dentro de la propia Unión Europea? Es que si perseguimos a los ricos, se irán a vivir a otro país, nos dicen. ¡Ah! ¿Y para qué queremos aquí ricos que no pagan impuestos?
Almudena Grandes. El país. 11/IV/2016

El contrato que una madre exigió a su hijo para tener un iphone

Janell Burley Hofmann es una madre americana de cinco hijos (Gregory de 13 años, Brendan 10, Ella 8, Lily 6 y Cassidy 5). Ella es escritora y conduce un movimiento que pretende educar en el uso responsable de las nuevas tecnologías en la familia. Amante de la vida y de sus hijos, tiene un blog y es colaboradora habitual de The Huffington Post y de otros medios americanos.
En sus artículos y post, Janell expone sus reflexiones y los métodos educativos que aplica a sus propios hijos. En uno de ellos explica cómo su hijo mayor Gregory (13 años) llevaba suplicando casi un año por tener un iPhone. Consciente de que el uso de esta herramienta tecnológica exige responsabilidad y que existen unos riesgos, Janell exigió a su hijo firmar un contrato para tener su preciado iPhone. Se lo regaló por Navidad, porque se lo merecía, cuenta la madre en su blog. Pero a cambio, estas fueron las 18 reglas que Gregory tenía que cumplir, unas normas que, ella pensó, también le servirán para la vida:
1. Es mi teléfono. Yo lo compré. Yo lo pagué. Yo te lo presto. ¿A qué soy genial?
2. Yo siempre sabré la contraseña.
3. Si suena, cógelo. Di «hola». Sé educado. Coge siempre, siempre, la llamada de mamá y papá.
4. Entregará el teléfono a mamá o a papá a las 7:30 de la mañana cada día de colegio y a las 9:00 de la tarde durante el fin de semana. Estará apagado toda la noche y se volverá a encender a las 7:30 de la mañana. Si no llamarías al teléfono fijo de alguien, porque pueden responder sus padres, tampoco llames o envíes mensajes al móvil. Respeta a las otras familias como nos gusta que nos respeten a nosotros.
5. No te llevarás el iPhone al colegio. Conversa y habla con la gente y con tus amigos en persona. Los días de media jornada, las excursiones y las actividades extraescolares requerirán consideraciones especiales.
6. Si el iPhone se cae, se golpea o se estropea, tú eres el responsable. Por tanto, asumirás los costes de la sustitución o de la reparación. Para ello ahorra dinero de tu cumpleaños o realiza otros trabajos: corta el césped, haz de canguro... Si el iPhone se rompe, tendrás que estar preparado.
7. No uses el iPhone para mentir, hacer tonterías o engañar a otro ser humano. No te involucres en conversaciones que sean dañinas para los demás. Sé un buen amigo.
8. No envíes mensajes, correos electrónicos o digas nada a través del iPhone que no dirías en persona.
9. No envíes mensajes, correos electrónicos o digas a alguien algo que no le dirías en voz alta y en presencia de sus padres. Autocensúrate.
10. Nada de pornografía. Busca en la web información que compartirías abiertamente conmigo. Si tienes alguna duda sobre algo, pregunta a una persona. Preferiblemente, a tu padre o a mí.
11. Apágalo o siléncialo cuando te encuentres en lugares públicos. Especialmente en restaurantes, en el cine o mientras hablas con otro ser humano. No eres una persona maleducada, no dejes que el iPhone cambie eso.
12. No envíes ni recibas imágenes íntimas tuyas ni de otras personas. No te rías. Algún día estarás tentado de hacerlo, a pesar de tu gran inteligencia. Es arriesgado y puede arruinar tu vida de adolescente, joven y adulto. Es siempre una mala idea. El ciberespacio es más poderoso que tú. Y es difícil hacer que algo de esa magnitud desaparezca, incluyendo una mala reputación.
13. No hagas millones de fotos o vídeos. No hay necesidad de documentar todo. Vive tus experiencias. Quedarán almacenas en tu memoria para toda la eternidad.
14. A veces conviene dejar el iPhone en casa. Siéntete seguro de esa decisión. No es un ser vivo ni una ninguna extensión de tu cuerpo. Aprende a vivir sin él. Tienes que vencer el miedo a perderte algo que está ocurriendo y a estar siempre conectado.
15. Bájate música que sea nueva o clásica o diferente de la que millones de chicos como tú escuchan, que es siempre lo mismo. Tu generación tiene un acceso a la música mayor que cualquier otra de la historia. Aprovécha ese don. Expande tus horizontes.
16.De vez en cuando puedes jugar a juegos de palabras, puzzles y rompecabezas.
17. Mantén tus ojos abiertos. Observa el mundo que te rodea. Mira por la ventana. Escucha a los pájaros. Date un paseo. Habla con un desconocido. Pregúntate sin es necesario buscar en Google.
18. Meterás la pata. Te quitaré el teléfono. Nos sentaremos y hablaremos sobre ello. Volveremos a empezar. Tú y yo siempre estamos aprendiendo. Somos un equipo. Estamos juntos en esto.

El resultado

Un año después, Janell escribió un nuevo artículo en The Huffingon Post reconociendo que el contrato funcionaba, aunque no había sido fácil. Como ella esperaba, le tuvo que quitar el teléfono y comenzar de nuevo. Pero los resultados han sido positivos: ella ha aprendido, gracias a su hijo, sobre nuevas aplicaciones y redes sociales. Aunque no es lo más importante: La familia se ha convertido en usuarios responsables de la tecnología. Dice Janell «todos tratamos de mantener los ojos abiertos. Ver cómo el mundo pasa a nuestro alrededor. Nuestras normas tecnológicas no solo se aplican al iPhone, también a la vida».
Janell da una conclusión final, que parece animar a otros familias. «La tecnología es una hermosa herramienta, emocionante, de nuestro mundo. Deja que sea divetido, que sea una herramienta social, creativa y expansiva. Gregory sabe que nunca podrá sustituir la lectura de un libro o un café con un amigo o un paseo por el bosque, pero ambas cosas puede coexistir».
Ahora Janell, se enfrenta a un segundo capítulo en esta historia: su hija ya le está pidiendo su contrato. «¡Bueno, eso no lo vi venir! —dice en el post— ¡Pero me lo llevo!».

viernes, 6 de mayo de 2016

Cultura

En el texto que acompaña el programa Tratado de Paz, dentro de la capitalidad cultural de San Sebastián, se anuncia que va a tratarse de ETA, “alejándose del binarismo que ha impedido todo intento de reflexión acerca de este fenómeno, a la vez político, militar y cultural”. Como hay un catalán en la dirección, era de esperar el tonillo “atentos, que por fin os vamos a explicar lo que no entendéis”. Más polémica han despertado los tres calificativos del fenómeno, sobre todo el último. No me parece para tanto. Es indudable que ETA ha sido un fenómeno político, no porque los terroristas sean políticos —ni libres ni presos— sino por haber impedido a los ciudadanos constitucionalistas expresarse políticamente en libertad, por falsear así todas las elecciones democráticas en Euskadi y por servir para hipertrofiar el peso del separatismo en la sociedad vasca. Lo de “militar” sí que es un elogio inmerecido, a no ser que se aplique una variante de la doctrina Colau y se considere militares a los criminales por ir armados tal como se considera criminales a los militares por la misma razón.
El aspecto cultural de ETA es indudable, como fue también cultura el nazismo y lo son ahora la mafia, la camorra, el narcotráfico, el ISIS y los paraísos fiscales. Hay cultura de lo peor como la hay de lo excelso, incluye ángeles y monstruos. Aún más: eso empujó a elegir Donosti como capital cultural para supuestamente cerrar heridas y ahora es la causa última de tantas pirotecnias pacifistas que se nos vienen encima. Hay que compensar de algún modo las complicidades del pasado, el largo desinterés por las víctimas del terror, el reparto de la herencia ensangrentada, el menosprecio por los símbolos democráticos y por quienes los defendieron: o sea, nuestro capital cultural.
Fernado Savater. El país, 23 de abril de 2016

En blanco

El 9 de marzo de 2008 hubo en España elecciones generales y ese día el guionista de cine Rafael Azcona estaba a punto de entrar en coma. Murió poco después de cáncer de pulmón, un auténtico morlaco, que le había apartado de los amigos con los que al final solo se comunicaba por teléfono. La última vez que hablé con él me contó con la voz cascada la historia de aquel señorito obsesionado con el deporte que participaba en los maratones asistido por un criado que corría a su lado con un cubo lleno de agua y una esponja para refrescarlo y limpiarle el sudor. Ocurrió que al señorito en una de las pruebas le dio un síncope y murió en mitad de la carrera, pero el criado cargado con el cubo siguió corriendo y ganó el maratón. Luego Azcona me dijo que quería votar en las elecciones de ese 9 de marzo para demostrar que, aun en plena agonía, seguía siendo un ciudadano responsable. Votó a su manera. En 2008 los socialistas obtuvieron la victoria con 169 escaños frente a los 154 del Partido Popular y a continuación sobrevino la crisis, que nos ha llevado hasta el borde del acantilado, donde hoy los líderes políticos, con la incompetencia congénita para llegar a un pacto, ante las urnas puestas de nuevo a hervir cuentan los futuros votos como aquellas abuelas que sobre el mantel de hule en la cocina contaban las habas. Rafael Azcona quería votar a toda costa, pero los cuidados paliativos le tenían postrado. No obstante requirió los servicios de un notario para que levantara acta formalmente de su voto por correo. Cinco días antes de las elecciones el notario se presentó ante su lecho y Rafael Azcona usó la última fuerza que le quedaba en la mano para realizar un acto lúcido y demoledor, que puede servir de ejemplo y aviso. Cogió el sobre e introdujo en él la papeleta en blanco. Poco después entró en coma y cruzó la meta del último maratón.
Manuel Vicent. El país, 24 de abril de 2016